La física cuántica describe el comportamiento de la materia y la radiación a escala de átomos y partículas subatómicas. A esta escala, las leyes de la mecánica clásica ya no se aplican: las partículas obedecen a reglas contraintuitivas, formalizadas a principios del siglo XX por Planck, Einstein, Heisenberg, Schrödinger y Dirac. Estas bases siguen siendo el fundamento de la investigación contemporánea, incluso en el campo de la informática cuántica.
Por qué la mecánica clásica falla a escala atómica
La mecánica newtoniana predice con precisión la trayectoria de una pelota o la órbita de un planeta. Aplique las mismas ecuaciones a un electrón y las predicciones se desmoronan.
El problema fundamental radica en la naturaleza misma de la observación. A nuestra escala, medir un objeto no lo modifica de manera significativa. A la escala del nanómetro (el tamaño de un átomo), toda medida perturba el sistema observado. La energía del fotón utilizado para “ver” un electrón es suficiente para cambiar su trayectoria.
Es esta constatación experimental la que ha llevado a los físicos a abandonar el marco clásico y construir un formalismo matemático completamente nuevo. Para saber todo sobre la física cuántica, primero hay que aceptar que esta teoría no describe lo que “hace” una partícula, sino lo que se puede predecir de los resultados de medida sobre esta partícula.
Esta distinción no es filosófica: tiene consecuencias prácticas directas sobre la manera en que se conciben los experimentos y las tecnologías cuánticas actuales.

Superposición y principio de incertidumbre: dos pilares de la física cuántica
Dos conceptos estructuran toda la teoría. Comprenderlos es suficiente para captar la lógica de la mayoría de los fenómenos cuánticos.
La superposición cuántica
Una partícula puede existir en varios estados simultáneamente mientras no se realice ninguna medida. No es una metáfora: el formalismo matemático (la función de onda de Schrödinger) describe literalmente una combinación de varios estados posibles.
Cuando se mide, la partícula “elige” un estado entre los posibles. Este paso de la superposición a un estado único es lo que los físicos llaman la reducción del paquete de onda. Los datos disponibles no permiten concluir definitivamente sobre el mecanismo exacto de esta reducción, lo que sigue siendo uno de los debates abiertos de la física fundamental.
El principio de incertidumbre de Heisenberg
Es imposible conocer simultáneamente, con una precisión arbitraria, la posición y la velocidad de una partícula. Cuanto más se precisa la posición, más indeterminada se vuelve la velocidad, y viceversa.
Este límite no es un defecto de nuestros instrumentos. Está inscrito en la estructura matemática de la teoría. El principio de incertidumbre establece un límite fundamental a lo que se puede saber de un sistema cuántico, independientemente de la tecnología utilizada para observarlo.
Dualidad onda-partícula e intricación cuántica
Onda y partícula a la vez
La luz se comporta a veces como una onda (interferencias, difracción), a veces como un flujo de partículas (el efecto fotoeléctrico, explicado por Einstein). Los electrones presentan el mismo comportamiento dual.
La dualidad onda-partícula afecta a toda la materia, no solo a la luz. Se han realizado experimentos de interferencia con moléculas cada vez más pesadas, confirmando que esta propiedad no está reservada a los objetos subatómicos, aunque se vuelve imperceptible a gran escala.
La intricación cuántica
Dos partículas entrelazadas comparten un estado cuántico común. Medir una fija instantáneamente el estado de la otra, sin importar la distancia que las separa. Einstein calificaba este fenómeno de “acción fantasmagórica a distancia”.
Los experimentos realizados desde los años 1980 (notablemente los trabajos de Alain Aspect, premio Nobel de física 2022) han confirmado que esta correlación es real y no puede explicarse por “variables ocultas” clásicas. La intricación se utiliza hoy como recurso en los protocolos de comunicación cuántica y en ciertas arquitecturas de ordenadores cuánticos.

Efecto túnel y decoherencia: los límites del mundo cuántico
El efecto túnel
Una partícula puede atravesar una barrera de energía que no debería cruzar según las leyes clásicas. Este fenómeno es una consecuencia directa de la naturaleza ondulatoria de la materia: la función de onda no cae bruscamente a cero en el nivel de la barrera, sino que disminuye progresivamente. Si la barrera es lo suficientemente delgada, una fracción medible de partículas la atraviesa.
El efecto túnel no es una curiosidad de laboratorio. Interviene en el funcionamiento de los componentes electrónicos, en ciertas reacciones químicas y en los procesos nucleares en el corazón de las estrellas.
La decoherencia cuántica
Las propiedades cuánticas (superposición, intricación) son extremadamente frágiles. En cuanto un sistema cuántico interactúa con su entorno, pierde progresivamente su comportamiento cuántico para comportarse de manera clásica. Esa es la decoherencia.
La decoherencia explica por qué no observamos superposición a nuestra escala. Un gato no puede estar muerto y vivo al mismo tiempo, porque los billones de partículas que lo componen interactúan constantemente con el aire, la luz y la temperatura ambiente.
Este fenómeno también constituye el principal obstáculo técnico en la informática cuántica. Las investigaciones recientes se centran en la corrección de errores cuánticos: qubits lógicos, protegidos por varios qubits físicos, permiten reducir la tasa de error relacionada con la decoherencia. Google anunció, con su procesador Willow en diciembre de 2024, avances significativos en el funcionamiento “bajo el umbral”, donde la adición de qubits reduce efectivamente los errores en lugar de amplificarlos.
- Las arquitecturas superconductoras siguen siendo las más mediáticas, pero los átomos neutros y los iones atrapados también se exploran como soportes de qubits.
- Los códigos correctores de errores de nueva generación (tipo qLDPC) buscan reducir el número de qubits físicos necesarios para proteger un qubit lógico.
- Los calendarios industriales publicados por los grandes actores (IBM, Quantinuum, IonQ) siguen siendo hojas de ruta, no capacidades disponibles hoy.
La física cuántica proporciona un marco teórico verificado por más de un siglo de experiencias, pero varias preguntas fundamentales siguen abiertas: la naturaleza exacta de la medida, la interpretación de la función de onda, la frontera entre el mundo cuántico y el mundo clásico. La corrección de errores se ha convertido en el principal indicador de madurez en la informática cuántica, por delante del simple número de qubits. Las bases teóricas descritas aquí, desde la superposición hasta la decoherencia, son precisamente aquellas sobre las que se sustentan estos avances tecnológicos.



